Y dijo José á sus hermanos: Yo soy José: ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.
He aquí estos impíos, Sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
Sean afrentados y turbados para siempre; Y sean deshonrados, y perezcan.
¡Cuánto gimieron las bestias! ¡cuán turbados anduvieron los hatos de los bueyes, porque no tuvieron pastos! también fueron asolados los rebaños de las ovejas.
Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones?
Mas también si alguna cosa padecéis por hacer bien, sois bienaventurados. Por tanto, no temáis por el temor de ellos, ni seáis turbados;